Aprovechando el puente de Mayo, J.J. nos preparo otra excursión por tierra jienenses.

Unas tostadas en La Carolina dieron la salida a la primera de las dos larguisimas rutas que nos preparo Joti.

En esta ocasión nos acompaño Ctri y Eva en su Toy, los cuales se estrenaban en esto del TT.

Bordeando el Embalse de Guadalen, nos encontramos con unas casas cueva muy curiosas.

El rutómetro no entraña ninguna dificultad y en menos tiempo del esperado llegamos a Ubeda.

J.J. decidió variar la ruta y seguir el ruto hasta un punto donde enlazar con el Tren del Aceite y así poder ir por campo hasta su pueblo y ahorrarnos cincuenta kilómetros de carretera.

Muy cerca de Torreperogil enlazamos con la via que nos lleva direccion a Villanueva Del Arzobispo.
Hay túneles que están casi tapados por la vegetación, y el no saber que te vas a encontrar, lo hacia muy entretenido.
 

Debido a que algunos de los túneles estaban derrumbados, tuvimos que pasarlos por arriba, viéndose hay la practica de Joti a navegar entre los olivos, perdiéndole de vista en varias ocasiones.

Entre la polvareda que levantaba el Toy y los cambios repentinos de dirección, le toco aguantar unas cuantas llamadas por la emisora.

¡¡¡¡¡¡ DONDE COÑO ESTAS !!!!!!!

Después de 175 kilómetros de ruta, y 280 de carretera hasta el inicio, llegamos al Hotel.

La palicita fue considerable, pero como era el primer día aun había ganas de cachondeo y Joti nos llevo a degustar la rica cerveza de allí, y a hartarnos tapas.

De un bar a otro, luego a Los Chiles que "nunca falla" y luego pues unas copitas en el Pub.

Vamos...... que nos fuimos a las cama a eso de las tres, y muy contentos.

   

El Sábado, unos con mejor cuerpo que otros, nos reunimos en la cafetería del hotel.

Unas tostadas con aceite para coger fuerzas y pusimos rumbo a Cazorla a comenzar el segundo de los recorridos.

En una de las carreterillas entre olivos vimos a un hombre que de pie junto a un Suzuki parado en el lateral de la carretera, saludo a Joti que va encabezando el grupo, y acto seguido le vemos corriendo detrás del coche, que pillando cierta velocidad cruza la carretera precipitándose por un pequeño terraplén hasta empotrarse contra un olivo.

La situación fue de los mas cómica, cuando el paisano, desde la carretera, se quita la gorra y empieza a rascarse la cabeza, preguntándose que es lo que ha pasado.

Paramos a ayudarle, y cuando se nos paso la risa nos bajamos del coche para ver que había pasado y ver como estaba el Suzuki.

El hombre escucho como que le llamaban, para a la derecha, y sin mas se bajo de coche sin poner el freno.

Menos mal que el Suzu es duro y con un tirón del paragolpes se quedo listo para circular otra vez.

Comenzamos subiendo por una pista en muy buen estado, donde pudimos disfrutar de increíbles paisajes.

El camino llevaba al nacimiento del Río Guadalquivir, y el trafico de turismos a medida que avanzaba la mañana aumento considerablemente, haciendo que el polvoriento tramo hasta el nacimiento se hiciera un poco pesado al no poder distraerte del camino ni un segundo para disfrutar de las vistas.

 

Teníamos pensado para a visitar el nacimiento del río, pero la cantidad de coches aparcado junto al camino hicieron que ni paráramos a intentarlo. Así que unos pocos kilómetros después, paráramos a comer algo que no fuera polvo.

Salimos de la Sierra de Cazorla, para entrar en la del Segura.

Una preciosa pista nos sube hasta lo mas alto de la montaña, donde quedaban neveros de mas de dos metros de espesor en las laderas.

Después de unos cuantos kilómetros pisteando, paradita para comer, pero hacia un aire helado que por mas que colocamos los coches para cortar el viento, no había quien se comiera el bocadillos a gusto.

Eso si, Citri saco la cometa del maletero y se lo paso como un niño el tío.

El descenso no tenia ninguna dificultad y esta vez si, pudimos disfrutar admirando lo mas escarpado de la sierra, mientras bajábamos dirección al nacimiento del río Segura.

Nacimiento del Segura.

Nada que ver con el otro. La ausencia de turistas nos dejo disfrutar del increíble lugar, donde mana con fuerza de una poza agua cristalina.

Nos dieron las ocho de la tarde cuando terminamos el ultimo tramo de la que llamaría la ruta de los paisajes.

después de ochenta kilómetros de carretera, llegamos nuevamente al hotel, del que ya no salimos ni para cenar.

Una buena cena con su buen vino puso punto y final a una jornada de doscientos ochenta kilómetros, y a un fin de semana que sin duda repetiremos con las primeras nieves de la próxima temporada.

Dar las gracias a Joti, por este estupendo puente, que por haberselo montado tan bien, no le van a quedar mas narices que repetirlo mas veces.

Por otra parte, espero que nuestros nuevos compañeros Citri y Eva lo pasaran bien y repitan en mas ocasiones.