Después nueve días de copilotos y mas de cuatro mil kilómetros subidos en los Toyotas de Citri y Richy, Juanito y yo estábamos como locos de conducir nuestros coches.

El Sábado a ultima hora de la tarde decidimos salir a dar una vuelta dominguera. Salir un rato a sacar los coches a dar un paseo, ya que con esto de las fiestas, van a estar parados tres semanas por lo menos.

Así que a primera hora de la mañana nos fuimos a quitarnos el mono un poco.

Comenzamos con una trialera que prometía ser muy divertida, pero como estaban cazando por los alrededores, decidimos dejarla para otro día.

Seguimos por caminos vecinales a buen ritmo, circulando sobre barro helado, que deslizaba un montón, haciendo que en muchos tramos de la ruta lo pasáramos de lujo jugando con el coche.

A parte de la conducción, daba gusto ver la cantidad de corzos que se nos cruzaron por delante.

Con solo dos coches, la ruta fue muy rápida, recorriendo mas de cien kilómetros en una mañana.

Cuando nos quisimos dar cuenta, habíamos terminado la ruta, y que mejor que tomar unas cañas a la salud de nuestro amigo Richy, acompañadas de unos torreznos típicos de la zona.

Resbaladizas pistas y pinares embarrados nos acompañaron durante toda la mañana, a parte de poder disfrutar de uno paisajes preciosos, que esperamos ver de nuevo, pero todo nevado.