Debido a la insistencia de los Territorianos por conocer el país de los contrastes, y que hacia seis años que no bajaba a Marruecos, este año no podía terminar sin que preparasemos nuestra primera ruta africana, a la que llamamos Terrietorio Bereber.

 

El puerto de Almería , fue el punto de encuentro para los siete coches y trece participantes que disfrutamos de una semana por el norte de África.

Con un montón de nervios embarcamos en el Ferry, y tras cinco larguisimas horas de barco, llegamos a Nador.

La idea inicial era bajar a Erfoud para dormir allí y el Domingo empezar a rutear, pero el paso de la frontera fue un auténtico caos, tardando en pasarla casi dos horas.

Conducimos toda la tarde hasta bien entrada la noche, en busca de un lugar para acampar cerca de nuestro destino, pero el cansancio hizo que tubiéramos que parar en una casbah de camino a dormir.

El sitio dejaba mucho de desear en cuanto a limpieza. Vamos que dormimos en el saco por no meternos en esas camas que ........ Y de la ducha ni hablamos.

Un par de horas por esas peculiares carreteras nos llevaron a las proximidades de Erfoud, donde comenzamos nuestra primera ruta.

Comenzamos la ruta de los monumentos, donde desde el principio disfrutamos de sus arenosas pistas, y como no, de los tres monumentos construidos en medio del desierto.

Los monumentos fueron construidos por un alemán, que paso allí trabajando mas de diez años. Supongo que también estuvo fumando bastante, porque no veas como se le fue la pinza al tío.

Tras la visita a los monumentos, unas pequeñas dunas nos fueron anunciando lo que nos esperaba la próxima ruta.

La conducción por la arena es muy diferente a lo que estamos acostumbrados, y los que no la habían pisado nunca pasaron sus primeros apuros.

Una vez en carretera, y después de una sesión de zapatilla por las pistas, fuimos a reparar una vieleta de la barra estabilizadora del Toy de Coti.

Nos paramos en un taller de cerrajería y nos quedamos locos al ver la careta de soldadura del currante. Un cartón con unas gafas de sol pegadas, eran suficiente para soldar.

Reparado el Toy, nos fuimos a tomar algo fresco al Hotel Xaluca antes de montar el campamento.

Como a pesar de ser de noche, aun era pronto, decidimos acampar en el inicio de la ruta del dia siguiente.

 

Nuestro compañero Richy, el Bereber de Madrid, o Ice-Man para los amigos, hizo una llamadita a su amiguete Caracola, que tras unas cervezas, no dudo ni un momento en dejarnos acampar en la parte de atrás de su Hotel. En pleno Erg Chebbi.

A primera hora de la mañana, levantamos el campamento y bajamos presiones para afrontar el mar de dunas del Erg Chebbi. Uno de los platos fuertes de la aventura.

Eso si, destacar la paliza que nos dieron los niños del lugar, intentándonos vendernos fósiles, y pidiéndonos todo lo que les puliéramos dar.

Comenzamos la navegación, y rápido se vio quien de los que era la primera vez que conducción en arena le había cogido el truco.
Citri, con su toyota automático, rápidamente pilla la idea y disfruto como un loco surcando todas las dunas que se le ponían por delante.

Corcel con su Jeep 4.0 que prácticamente lo estrenaba en esta ruta, le costo un poco mas pillarlo.

Coche nuevo, terreno desconocido, automático y potencia por un tubo, fueron los motivos por lo que le costo un poco mas. Pero a medida que iba pasando el día, los atascos fueros reduciéndose.

Al Vitara de Juan y Vir también se le atranco un poco al principio. Después de unos cuantos intentos de Juan, le paso los mandos a Vir, que rápidamente templo sus nervios, y tras saltar una duna que se les estaba resistiendo, cogió confianza y a partir de ahí, empezó a disfrutar y a sortear las dunas como si nada, sin a penas atascarse.
Lo cierto es que en cuanto coges confianza con el terreno, es como si estuvieras en un parque de atracciones.

La cosa se complico, cuando Koke se metió en una olla en la que se quedo completamente enterrado.

Citri se metió para rescatarle, y le paso lo mismo, quedándose los dos coches atrapado.

Con la ayuda de todos, y unas tres horas de trabajo, conseguimos sacarlos y proseguir las busqueda de Wpt.

Durante un buen rato, la navegación fue perfecta, hasta que Koke se quedo nuevamente pillado en la arena. El embrague del Navara tenia un calentón considerable, y sumado a un exceso de zapatilla, llevo a Koke al limite de la desesperación. Pero con un tirón de cable quedo libre para proseguir ruteando.

Le toco el turno a Corcel, y este si paso, pero paso tan rápido, que se coló en la olla que había detrás de la duna y también se quedo.

Tras unos cuantos intentos consiguió sacarlo sin problemas.

 

Atardeciendo, conseguimos reunirnos todos en un oasis a dos kilómetro en linea recta de la pista que nos conduciría a la Casbah donde teníamos pensado dormir. Solo teníamos que subir dos grandes dunas y sortear unas pocas ollas, pero la arena ya estaba muy blanda y pisada, haciendo que la subida se complicase un poco.

Los Toyotas de Citri, Richy y Coti, seguidos de mi Patrol subieron no sin dificultad por una escarpada cresta. Luego subió Koke por un lateral buscando la manera mas sencilla y demostrando que ya le había cogido el truco al tema, coronando la duna como un campeón.

Al Jeep de Corcel le costo un buen rato subir, quedándose dentro de otra olla en la que parecía imposible que pudiera salir.

Los nómadas del lugar subieron rápidamente hasta allí para contemplar el espectáculo y entretenerse un rato. Solo con dar unos golpecitos en las ruedas de Corcel les vasto para darse cuenta que con tanto aire no subiría. Bajamos mas la presión, y al siguiente intento subió del tirón.

Le llego el turno al Vitara. Con una puesta de sol impresionante se fueron repitiendo los intentos por subir, pero el Viti decía que por allí no subía.

Lo intento Juan, Vir, Koke, Ure y por ultimo Richy, pero nada, que no había manera de subirle.

Los múltiples intentos y el desgaste de todo el día por las dunas dejo el embrague muy debilitado Así que antes de liarla mas, decidimos subirle con el cabrestante.

Si llegar con tantos coches hasta donde habíamos llegado nos costo, solo de pensar en terminar y completamente de noche nos puso a todos bastante nerviosos. Pensando mas de uno que tendríamos que acampar allí.

Unos cuantos atascos del Vitara sin consecuencias, unos saltos y poco mas nos condujeron directamente a la pista que nos llevaría a Merzouga.

Nos despertamos en La suerte loca, una Casbah situada en Merzouga, donde nos atendieron estupendamente.

Salimos dirección Rissani para repostar. Una cuantas compritas en la gasolinera hicieron a mas de uno, de este, un momento inolvidable. Sobre todo a mi copiloto, que se compro de todo el tío.

Tras repostar, cogimos nuevamente pista para dirigirnos a Tagounite. Los paisajes eran completamente diferentes a los vistos el día anterior. Pistas rápidas y en ocasiones duras, hacían que en muchas ocasiones pudiéramos circular en paralelo para no tragar tanto polvo, y disfrutar un montón de esas típicas pista desérticas.
Entre llanura y llanura, atravesamos una traicionera zona, que mas que arena parecía ceniza de lo extremadamente fina que era, quedándonos empanzados casi todos los coches alguna vez.
Una vez mas, una sorprendente puesta de sol nos anuncio el final de la jornada, y después de una pequeña parada en Zagora para ver a los de la Sahara Aventura, y hacer una pequeña reparación en el suzuki, pusimos rumbo a Tagounite para acampar.
A primera hora de la mañana, comenzamos la ultima de las etapa de desierto que teníamos planeada. Salimos de Tagounite para dirigirnos a Foum- zquid pasando por el famoso lago Iriki.
Las pistas rápidas dieron paso nuevamente a las dunas, que al llevar las ruedas con su presión normal eran mas difíciles de sortear.
Algunos del grupo llevaron juguetes y ropa, así que se hizo una obligatoria parada pera repartirlo donde mas se necesita.

Por fin atravasamos el lago Iriki.

La circulación en paralelo, pasándonos unos a otros. Fue uno de los mejores momentos del día.

La larga y dura etapa le paso factura al coche de Corcel, destrozando las vieletas de la estabilizadora delantera y los amortiguadores traseros.

Las noches anteriores, varios de los participantes pasaron bastante frío, así que los mas frioleros se fueron a un hotel, y el resto nos quedamos en un camping al calor del fuego.

Durante la cena y las copas de después, nos acompañaron un par de lugareños a los que no veas como les gustaba el vino y la crema de orujo.

Pasamos un rato muy divertido cada vez que uno de ellos se levantaba a echar leña al fuego. Parecía que se iba a caer dentro del trozo que llevaba el amigo.

A la mañana siguiente, comenzamos la ultima de las rutas que nos conduciría a Marrakech para disfrutar de una jornada de descanso.

En esta ocasión recorrimos unas gargantas que atravesaban el Pre Atlas.

En el inicio, el camino transcurría por el lecho del río, que en ocasiones tenia algo de agua, favoreciendo el crecimiento de preciosos palmerales.
Cruzamos el cauce varias veces, y a medida que cogíamos altura, el terreno se iba volviendo mas árido y rocoso.

Después de todo el día por esos pedregosos caminos, y con un palizón en el cuerpo que no veas, las alucinantes vistas de la llanura nos anunciaban que nuestra aventura por el norte de África, tocaba a su fin.

Una larga y pronunciada bajada, seguida de una pista rápida por la llanura nos llevo a la carretera.

Nos separaban de Marrakech doscientos cincuenta kilómetros, que tardamos en recorrerlos cerca de cuatro largas horas.

En Marrakech, dormimos en unas Jaimas que aun que un poco frías al principio, al final resultaron muy bien.

Por la mañana dedicamos el día a visitar el zoco, y unos mas que otros, dejarse allí toda la pasta que pudo en recuerdos para la familia y esas cosas.

El Sábado por la mañana, recogimos todo para salir zumbando dirección Tánger, donde el Ferry de regreso nos tenia que devolver a la realidad.

Sin lugar a dudas, esta experiencia será repetida en mas ocasiones por los Territorianos y espero que acompañados por la misma gente, a los que después de esta aventura les hemos cogido mas cariño aun si cabe.

 

Aqui teneis un video con los mejores momentos de nuestra aventura.